domingo, diciembre 12, 2010

LE COMEBACK! / Los señores del universo


It is a dark time for the Rebellion...

Después de abandonar el blog cuando entre a la escuela de Derecho, I'm back, baby! En vez estar estudiando para dos examenes finales la semana que viene, aqui estoy, ¡pendejeando por USTEDES, mis amables y minúsculo número de lectores!

¿Qué ha pasado con mi vida hasta ahora? Bueno, he terminado y me he graduado de mi Meaestría en Creación Literaria y estoy en mi último año de Derecho, pero mi graduación de esta última parece estar cada vez más lejos desde que una huelga que paralizó el sistema abrió, como dicen en buen gringo, "a shitcan of worms".

En noticias más importantes y de más relevancia para mis lectores, mi Nintendo Wii y DS tienen dos hermanitos, un PSP y un XBox 360. Mi juego favorito hasta ahora es Dissidia: Fina Fantasy y---

---¿qué? ¿Cómo es? ¿Que quieren escuchar más de la huelga? Peroperopero... DISSIDIA! YOU GET TO FIGHT AS SEPHIROTH!

...

*sigh*

OKAY, okay... aqui les va ensayo sobre la estúpida huelga y mis experiencias como estudiante de Derecho.

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Los señores del universo

¿Por qué yo decidí estudiar Derecho? Por el dinero y por la reputación es la contestación básica y socialmente aceptable. La verdadera es porque luego de estudiar para ser escritora, sentía que no tenía nada para contar. Necesitaba expandir mi universo y reexaminar mi vida. Por lo menos puedo decir que Derecho cumplió mi segundo deseo; siempre soy más creativa cuando la furia me corroe los sesos.


Huelga, especialmente por razones equivocadas, provoca furia. Ergo, literatura.

Dedico mi furia a mis compañeros de Derecho, por ser los líderes de facto en esta huelga. Humanidades y Drama son los buenos soldaditos, peones que pueden ser sacrificados sin pena ni gloria, pero los líderes intelectuales están en Derecho.

I. Res ipsa loquitur


En la primera semana en Derecho, el decano dio un discurso acerca de lo privilegiados que éramos por entrar allí. Sus palabras fueron ‘la crema y nata del país.’ Nos hicieron alzar la mano para examinar dónde habíamos hecho el bachillerato o habían estudiado en escuela pública. Lo que me acuerdo de esa votación es que solamente 20 y pico de gatos habían estudiado en escuela pública y que solamente dos habíamos estudiando en la Universidad del Sagrado Corazón. Los demás eran de escuelas privadas, habían estudiado en la UPR toda su vida o habían estudiado en Estados Unidos.

Me acuerdo que me sentía extraña al estar tan rodeada de personas de mi edad, porque todos en mis clases de maestría eran mayores de 40 años. Y me acuerdo más todavía de un formulario sobre el ingreso de nuestras familias. En el tope del bloque de papeles leí de un estudiante cuyos padres eran dos médicos. ¿Razón para estudiar en la UPR? “Era barato” escribió el estudiante, en letras pequeñas y bolígrafo azul.

Baja el telón, sube el telón.

Escena: Chili’s en la Ponce de León. Mientras cenábamos, alguien mencionó un ensayo que había escrito la profesora Erika Fontánez, ‘Los hijos de nadie’. La autora habla de una ceremonia de juramentación de los nuevos abogados y los saludos excesivos a los hijos graduados de abogados y juristas reconocidos.

Ellas: Nosotros somos hijas de nadie también.
Yo: ¿En serio? ¿En verdad importa? Yo siempre había visto ser abogado como un trabajo más.

Muchas risas y luego una explicación de cómo muchos usaban el Derecho para subir de categoría social en este país. Las observaciones son confirmadas por cometarios sueltos de los profesores. Me parece que una vez leí un ensayo sobre como los abogados son los nuevos duques y duquesas en la sociedad moderna.

Yo una vez trabajé en una revista cuyo público era precisamente la crema y nata del país. Me mandaban a reseñar vinos, escribir de golf, carros del año y las últimas tendencias en la decoración de hogar. Hasta le hice una surrealista entrevista a una reconocida experta de cortinas. Transcribí sus palabras fielmente en mi libretita y las traduje al inglés en mi laptop, porque la oficina apenas tenía un par de computadoras. Todas nuestras operaciones se realizaban desde un pequeño cuartito en un edificio que se estaba cayendo en cantos. La editora guiaba un antiguo Nissan de los 80, el jefe guiaba un carrito mejorcito pero tampoco la gran cosa. Resumiendo, le dictábamos a la crema y nata del país como decorar y cómo escoger los mejores accesorios de golf, pero éramos todos unos muertos de hambre.

En el Chilis de la Ponce de León, seguía la discusión sobre las clases sociales de este país. No sé si lo dije en voz alta, pero yo sabía de primera mano que los ricos son tan brutos como todos nosotros. Pero admito que me intrigaba la idea de ser una nueva duquesita y tener miles de guapos golfistas rendidos a mis pies.

Baja el telón, sube el telón. En la clase de Obligaciones, el profesor socialista y un estudiante que es capitalista confeso discuten sus puntos de vista. El profesor, por cierto, viene y va en un magnífico auto de año, más impresionante que el del estudiante. La historia se repite en par de cursos más. Un ilustre jurista puertorriqueño descarga contra el mundo en que vivimos por un lado, mientras nos hace comprar un libro escrito por un buen compañero suyo acerca de Paseo Caribe. El profesor sale en una foto cerca del final, diciendo que el sistema ha fallado y que allí mismo se declara el ‘Tribunal del Pueblo’. Es un hombre muy ocupado porque está defendiendo el gobernador. Pero nunca usamos el libro en el examen final.

Telón, etc. Huelga en la UPR. O más bien, fin de la huelga en la UPR. Le comentó a mi padre que un par de gente que habían cerrado los portones había llegado a Barcelona un par de días antes de mí. Estoy furiosa porque yo quería ese viaje mucho más, muchísimo más que todos ellos. Mi padre solamente se rió y me dijo que los ‘revoltosos’ de hoy son los penepés del mañana. Cuando veo las caras que me rodean durante la orientación, son los líderes de la huelga.

Al final del curso, cuando hay que rogarle al decano por más tiempo para estudiar para los exámenes de reposición, se ponen las camisas violetas de la huelga.

II. Noblesse oblige


Así que hay que hacer una huelga para defender al pobre. O a la justicia. O a la verdad. En realidad no importa. El punto es que nos toca a nosotros, la crema y nata del país, el futuro de Puerto Rico. No hay nadie más, ves. No se puede tener tanto cacique y poco indio.

Si somos los señores del universo, pues hay que comportarse como tales. No se trata de ser un trepador social, se trata de ser líder. Y a veces… a veces la gente no sabe lo que le conviene. Por eso hay que educarlos, o tal vez temporeramente callar la oposición, porque de verdad no saben de qué están hablando. Nosotros somos los líderes, y alguna gente solo sirve para obedecer.

Hay que cambiar el mundo, y enfocarse en lo que puede ser el Derecho e ignorar lo que es ahora, por eso de no contaminarse. ¿Cómo se puede pretender cambiar el futuro si no se sabe cómo funciona el presente? No sé, pero hay que tener…fe. En Barcelona, por ejemplo, tuve que explicarle a un grupo de buenos amigos los detalles de la crisis económica en Europa. No soy una experta, pero en el reino de los ciegos, el tuerto es rey. Estoy segura de que hay muchísimos estudiantes como yo que pasan horas buscando en Google las noticias mundiales para estudiarlo todo y estar al tanto de lo que está pasando fuera de esta isla 100 por 34, y así dar opiniones informadas sobre los sucesos mundiales que nos afecta a todos.

Que si los pobres. Que si la justicia. Que si esto. Que si lo otro. Seguramente no se dicen estas cosas porque suenan bonito. Seguramente no existen personas que se esconden detrás del escudo de ‘una buena causa’ para lograr sus metas: los trepadores sociales se han apoderado de una buena causa para ser los ‘buenos’ y que no se note sus ansias de poder.

Seguramente existen los que de verdad de verdad de verdad piensan que tienen la razón y que el fin justifica los medios. ¿Cuál es la motivación de este grupo? ¿Noblesse oblige? ¿White man’s burden? ¿Independencia de Puerto Rico?

Cualquiera que sea la motivación, estoy segura que lo único que quieren es lo mejor para el mundo. Tal vez no se ciegan ante otros puntos de vista e ignoran los datos para crear una nueva narrativa que se ajuste mejor a sus intereses o causas. Seguramente no piensan que ‘el fin justifica los medios’ o que hay que destruir el mundo para recrearlo en su imagen y semejanza.

Bueno, tal vez los de otras facultades, pero no los de Derecho. Porque en Derecho no hay un montón de niños privilegiados que piensan que son oprimidos; atrapados en una burbuja que distorsiona la realidad, llenos de buenas intenciones entremezcladas con hormonas, juventud y deseos oscuros ---sea dinero, fama o salir en los periódicos.

III. “Estamos los que estamos, somos los que somos”

La UPR es la mejor universidad de Latinoamérica, eso todo el mundo lo sabe. Dicen las malas lenguas, y la mía que la repite, que un incompleto de la UPR vale más que un bachillerato en cualquier otro sitio. Confieso: mi alma mater es la Universidad del Sagrado Corazón. No sé qué decir. ¿Lo siento?

Recuerdo, en el LSAT, que un chico rubio se sentó a mi lado. Ambos repetíamos el examen. Me sentía culpable porque no había estudiado nada la primera vez y había sacado 140. El muchacho, sin embargo, había sacado 130, que era lo justo para entrar a la Inter. Pero yo no sabía eso en aquel momento. En la segunda ronda saqué 147; nunca más volví a ver al muchacho, así que presumo que se fue aquella universidad, claramente inferior, porque el promedio para entrar era solamente 130. Además costaba un dineral.

Me pregunto qué habrá sido del muchacho; si estudio Derecho o que. Es que 130… no sé qué pensar de eso. Tal vez no estudio, tal vez simplemente Derecho no era su destino. Un profesor una vez me dijo que había que intentar que imaginarse uno en los zapatos de otro. Así que me imagino yo en la Inter y al muchacho en la UPR, recordando a aquella muchacha que tomó el examen con él, sintiéndole pena porque no pudo entrar en la mejor universidad de Latinoamérica. ¿Qué será de la vida de ella?

Recuerdo una vez que hice un pequeño trabajo de corrección de texto a una enfermera. Era un trabajo final, pobremente escrito, acerca de lo que había aprendido en sus estudios. Relataba que después de casi 10 años en Estados Unidos y un divorcio, había regresado a Puerto Rico para rehacer su vida. Estudiar enfermería era un sueño hecho realidad. ¿Qué será de la vida de ella?

Por lo menos sí sé que hay de la vida de mis compañeros de la maestría. Muchos ellos han publicado libros, algunos hasta han ganado premios literarios en Puerto Rico y en España. A razón de mis estudios de Derecho, he tenido que dejar la literatura a un lado, al menos por ahora. Sí he logrado un avance, porque poco tiempo de regresar de Barcelona, tuve que defender mi tesis de maestría. Le dije a todo el mundo que fue un éxito, pero es mentira. Aunque me gradué sin problemas, fue una experiencia triste porque estaba trasnochada y en medio de la presentación me eché a llorar. Invité a medio mundo pero solo unos cuantos me fueron a ver. Había comprado unas donas muy ricas de Krispy Kreme con diseños de Halloween, pero allí se quedaron.

Tuve la dicha, sin embargo, que mis compañeros de maestría sí me fueron a ver. Luego de llevarme a comer, hablamos un rato y me puse al día con los triunfos de los demás. La publicación de mi primera novela va a tener que esperar hasta pasar la reválida; quién sabe si me graduaré o no.

Me imaginó yo haciendo el bachillerato en la UPR. Nunca hubiese estudiado la maestría y hubiese sufrido la huelga del 2005. Y seguro como el sol nace del oriente, me hubiese ido a estudiar a la Inter con tal de no pasar otra huelga. O tal vez no.

Este es mi destino, me digo cada vez que abro Facebook para enterarme de los nuevos sucesos de la huelga. El síndico estudiantil dice y asegura que la UPR es la mejor universidad de Latinoamérica, no hay duda. Miren las clases. Examinen la docencia. Tremendos profesores, asegura, y un montón de gente le da al botón de ‘like’.

Sure. Why not. Estamos los que estamos, somos los que somos.

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